
El maltrato físico supone una terrible traición del vínculo de apego.
👉🏻 Cuando un niño sufre un golpe de un extraño, su cuerpo y su mente saben a quién correr: a mamá, a papá, al adulto que le cuida. El dolor físico pasa, y el abrazo ayuda a sanar.
👉🏻 Pero cuando el daño viene de esa misma persona que debería protegerte, se rompe algo más profundo:
- El golpe deja una marca en la piel. La confusión deja una marca en la forma de entender el mundo.
El niño aprende que el amor y el daño pueden venir juntos. Eso crea un lío interno: «Si me hacen daño los que me quieren, ¿Qué significa querer? ¿Qué significa estar seguro? ¿Qué hago con este miedo si no puedo irme de aquí? - No puedes huir de tu cuidador/a
Un adulto puede irse, poner límites, cortar contacto. Un niño depende de esos brazos para comer, para dormir, para sobrevivir. Así que su mente hace lo único que puede: se adapta. Se culpa a sí mismo, minimiza lo que pasó, o se desconecta emocionalmente para soportarlo. Es supervivencia, no debilidad. - Como empieza la sanación
Hay que reaprender que puedes confiar, que el cariño no duele, que no tienes la culpa. Y para eso necesitas experiencias nuevas con personas seguras que te demuestren lo contrario. Eso lleva tiempo.

